
Una intervención urbana
Fue al volver de la exposición de un amigo cuando vi la pared. Me encontraba en la periferia , en una calle por donde nunca había pasado. Lo que provocó mi atención era un muro , con restos de cemento, que en el pasado habia sostenido baldosas.
No quedaba ningún rastro de ellas, pero si las tortas de cemento que las unia al muro. Yo llevaba toda la semana pintando árboles del Retiro, en corchos circulares, curiosamente del mismo tamaño, más o menos que los relieves orondos que poblaban la pared. De pronto imaginé a todos mis árboles trasplantados a ese muro, me acerqué, rocé con mi mano el cemento áspero y conté los relieves circulares, 24, como las piezas al óleo que tenía en mi taller.
Con el arte urbano pocas veces se acierta y lo peor es que la mirada es obligatoria. Yo prefiero la intervención mínima, casi invisible, en voz baja. Al contrario que la atronadora escultura en la rotonda o el mural con el cromo de 70 metros cuadrados.
Al día siguiente preparé el proyecto teórico «Árboles en el muro», envié correos a la concejalía de cultura y a diversos comisarios buscando financiación. No recibí respuesta.
Pasaron los días y volvi con mis pinturas . Tras una semana de intenso trabajo, pintando en la calle, trasplanté mis árboles del Retiro al muro desértico. Muchos vecinos me preguntaban porqué lo hacía. «En esta calle no hay árboles, aquí tenéis unos cuantos donde elegir»
En nuestra periferia,hay una calle vacía y solitaria , y un muro lleno de árboles en silencio.





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